El Barça del three-peat


Ya se adoptó en Can Barça un término estadounidense para el considerado (hasta hace poco) mejor equipo blaugrana de la historia: el Barça entrenado por Johan Cruyff. O Dream Team, mejor dicho. Ahora vuelve a pasar: estamos ante el Barça del three-peat, señoras y señores. Su traducción sería “tripitir” y se utiliza cuando un conjunto deportivo logra vencer un mismo campeonato durante tres temporadas consecutivas. Fue Byron Scott el autor de este término allá por la década de los ochenta, cuando era jugador de los Lakers, de la NBA. Su entrenador de entonces, Pat Riley, registró la palabra three-peat como marca comercial.

Tres décadas después, es un equipo de fútbol el que “americaniza” el deporte europeo con una concepción del deporte norteamericano: el público paga una entrada para ver ganar a su equipo, pero también para ver espectáculo. Una idea que es mucho más trascendental de lo que algunos piensan. Es una filosofía de vida, producto de un trabajo imperfecto de muchos años, que ahora alcanza su estado más álgido. Hubo temporadas perdidas en el camino, no fue del todo constante. Pero se ha llegado a ese nivel diferencial. Y el planeta fútbol lo agradece, el aficionado lo agradece. Bueno, casi todos.

Una simple muestra visual de la excelencia del fútbol del Barcelona:

La temporada dio a su fin con dos lecturas opuestas: una, la estrictamente deportiva, que nos ha permitido constatar que el equipo de Pep mantiene esa excelencia futbolística que tanto reclamaba Florentino Pérez para su Real Madrid; la otra, más de imagen institucional, coloca al Barcelona y al Real Madrid como si de Cain y Abel se tratasen. Con la diferencia de que este Abel también obra mal. Una parábola casi sádica en la que nos encontramos cristianos, mesías, dioses, amos y seres superiores. Y también actores, que ya hemos dicho que se trata de una función, aunque no de experiencia religiosa.

Volvamos a la excelencia y dejemos la basura (toneladas) para los basureros: futbolísticamente, este Barça ha dado un paso más. El estilo de juego, el concepto, sigue siendo el mismo desde que Pep está en el banquillo: toque, toque y más toque.

Algo que aburre a algunos aficionados (pueden imaginarse a quiénes) pero que tiene el objetivo garantizado: mantener la posesión hasta límites inimaginables. Ese toque se vuelve más rápido a medida que van surgiendo los espacios y nos dejan imágenes tan maravillosas como los tradicionales rondos al primer toque y con velocidad entre Iniesta, Xavi y Messi, por poner un ejemplo. Esa es la idea principal, pero algo ha cambiado. Y eso es gracias al mejor jugador del mundo, que no es otro que Leo Messi. Posicionado ya como referencia ofensiva, Leo ha gozado de una libertad total de movimientos y de un instinto goleador bárbaro, con 53 goles entre todas las competiciones. Casi siempre por el centro, ha retrasado su posición hasta el centro del campo cuando el equipo se ha visto atascado en la salida del balón, se ha ido a ambas bandas cuando ha permutado su posición con Pedro o Villa. Quizá haya sido ésa la gran virtud del equipo esta temporada: dentro del sistema inamovible del 4-3-3, la gente de arriba ha gozado de una libertad de movimientos brutal. Pep deja que sus jugadores se muevan en ataque como consideren necesario, porque confía ciegamente en sus criterios, que no van más allá de hacer lo mejor para el equipo, para que el conjunto entero disfrute jugando al fútbol.

No ha sido del todo igual en defensa, donde se le ha visto a Guardiola mosqueado más de una vez, debido a ciertas relajaciones a la hora de sacar el balón desde la defensa. A pesar de ello, el Barça acaba la temporada como el conjunto menos batido de la Liga, con 21 tantos encajados. En ataque, 95 goles para un conjunto que hubiera sobrepasado los cien de no haber conseguido el título antes de tiempo, con la consiguiente relajación de los últimos partidos y el descanso de los titulares.

Si bien puede parecer que ha sido relativamente fácil conquistar el título doméstico, no ha sido así en las otras competiciones. La Copa del Rey se comenzó disputando con chavales del filial y los suplentes, para acabar las últimas rondas con el equipo titular, salvo Pinto. Ha solventado eliminatorias con gran autoridad, pero ha sufrido en algunos partidos. Es de recibo mencionar al Betis, que le dio al Barça un baño futbolístico, en el partido de vuelta de cuartos de final. La final fue todo un regalo para la devaluación que tenía el torneo en los últimos años. Un Barça-Madrid glorioso en el que cada equipo mostró sus armas: el toque blaugrana por el sacrificio merengue. Se impuso el sacrificio y el trabajo y el Madrid se llevó el gato al agua.

En Champions, fuimos testigos de la rueda de prensa más caliente de la carrera de Pep Guardiola:

En cuanto al fútbol, bastantes partidos se le atragantaron al conjunto blaugrana, debido a que, en ciertos momentos, parecía que el gol se atragantaba. Las rachas positivas y negativas de cara a gol han sido una constante durante toda la temporada, en todas las competiciones. En las rondas finales, Arsenal, octavos, y el Real Madrid,

semifinales, fueron un duro hueso duro de roer. No en cuanto a juego (siempre culé), sino en cuanto a efectividad. Por mucho tener el balón y crear ocasiones, si la pelotita no entra… Fue justo lo que pasó en la Copa.

La eliminatoria contra el Real Madrid dejó tras de sí la dureza del club blanco en ambos partidos, destacando especialmente a Pepe y Arbeloa; y una proposición futbolística similar a la que utilizó Mourinho con el Inter la pasada temporada: mantenerse atrás y esperar alguna contra. Algo insólito en el mejor club del slglo XX. Por parte del conjunto culé, los partidos contra el Madrid dejan el sabor amargo de que nunca se acabará con las acusaciones de los favores arbitrales (los árbitros favorecieron al Barça en algunas acciones puntuales) y de que ciertos jugadores tienen que reflexionar sobre su actitud, como Busquets y Dani Alves. Tan cierto es que exageraron bastante en sus acciones como que algunos jugadores merengues se emplearon con mucha dureza.

Eliminado el Madrid, la final contra el Manchester se auguraba más difícil de lo que lo fue en realidad. Un ciclón blaugrana de ochenta minutos pasó por encima del United con goles de Pedro, Messi y Villa. La cuarta para casa y enorme detalle de Puyol con Abidal, cediéndole el brazalete y el privilegio de levantar la “orejona”. La próxima temporada más pero no mejor, porque es imposible.

Las notas:

Sobresaliente: Messi. Mejora año tras año. Su techo está donde se lo maque él. Electricidad, goles, asistencias y una bota pegada al balón para el mejor jugador del mundo.

Notable: Xavi, Iniesta, Busquets y Abidal. El centro del campo perfecto. Los dos primeros aportan una visión de juego brutal (sobre todo Xavi) y muchísimo toque. Busquets, regularidad y posicionamiento sobre el campo. Abidal completaba la mejor temporada de su vida hasta que se le diagnosticó el cáncer. Su recuperación es la mejor noticia de la temporada.

Bien: Mascherano y Villa. El primero partió como suplente de Busquets. Antes las bajas en defensa, le tocó jugar de central y lo hizo sorprendentemente bien. De los mejores en la recta final de la temporada. Villa aportó mucho trabajo, poco gol debido a que jugó casi siempre en la banda.

Aprobado: Thiago. Representa la esperanza en un futuro no muy lejano. Va para crack del mediocampo. De momento, sólo algunos detalles en los minutos que ha tenido.

Suspenso: Bojan y Milito. Parece que a Bojan le queda grande el 9 del Barça. Juega poco y, cuando lo hace, no destaca demasiado. Es muy joven y deberá salir para poder tener minutos. Milito dirá adiós probablemente este verano. Lesión tras lesión, no ofrece mucha seguridad cuando juega.

Escrito por Felipe Moreno

Twitter: @pipe379

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