No saben en qué equipo juegan


El Atlético de Madrid, o lo que queda de él, carece de señas de identidad. El manicomio que tienen montado los innombrables han convertido a un club grande capaz de luchar en igualdad con Madrid y Barça hace no más de 14 años, en uno mediocre incapaz de ser fiable en estadios como el de Almería o Levante.

En medio de este caos ha aterrizado en el Calderón Silvio, un lateral izquierdo que viene para jugar en la banda derecha. Un defensor que ataca, dicen. Su carta de presentación : “ es un orgullo jugar en la misma competición que Cristiano”. La enésima provocación a la maltratada hinchada colchonera. ¿ nadie le ha dicho a Silvio de la rivalidad con el vecino y más aún con el engominado jugador? . Recuerdo el primer recibimiento que tuvo Fernando Torres al fichar por el Liverpool. Nada más confirmarse su fichaje, recibió una llamada de Steven Gerrard para darle la bienvenida y explicarle la grandeza de Anfield, además de dejarle vídeos y libros sobre la historia “red”. Pequeños pero grandes detalles.

“Ojalá fuesemos el Villarreal”, llegó a decir Cerezo, olvidándose de que si el Atlético ha perdido toda la grandeza es por su culpa. Detalles que hacen del Atlético un equipo menor, perdedor y cobarde cuando se enfrenta al eterno rival, el Real Madrid. Son ya 11 los años, 11, que se dice pronto, sin que los de Concha Espina doblen la rodilla ante los rojiblancos. Y no es de extrañar con jugadores atléticos que, tras hacer una falta, dan la mano y levantan a los jugadores blancos disculpándose con cariño. Antes, no hace tanto, los derbys eran de tensión, con entradas duras y gestos feos. Pero eso no entra dentro del discurso victimista de Gil Marín y Cerezo, escondidos desde hace años tras la excusa de “el Pupas”.

Cada mentira y recochineo del duo es un insulto a los goles de Kiko, al toque de Schuster, a la garra del Cholo o al golazo de Futre que nos daba la Copa del Rey ante el Real Madrid en un Bernabéu abarrotado. Eran tiempos. Ahora, con una afición desilusionada y anestesiada hasta el límite, y con una prensa que mira hacia otro lado, la situación no tiene visos de cambiar. Canteranos que deciden emigrar, cracks a los que se les queda pequeño el equipo y unos presidentes que van a dejar esto como un solar. Y cuando sea un solar, lo venderán. “Los solares juegan donde quieren jugar”. Cerezo facts.

La venta del Vicente Calderón dejará al club con menos alma si cabe y a una afición aferrándose cada vez más al Paseo de los Melancólicos. Vendrán aguas nuevas, pero para volver a crecer, el primer paso debe ser que los jugadores sepan qué escudo llevan en el pecho cada domingo.

Juanmy Domínguez Pulido.

Twitter @Juanmy15

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