La extraña pareja


Dos baloncestistas se convirtieron en leyenda después de jugar juntos durante 18 años (1985-2003) en los Utah Jazz, de la NBA. Los dos eran almas gemelas, tanto en el terreno deportivo como en el personal. De esta unión fraternal, surgió un apodo: “La extraña pareja”. ¿Sus nombres? Karl Malone, segundo máximo anotador de la historia de la NBA, y John Stockton, máximo asistente de la historia de la liga estadounidense de baloncesto.

Los dos, retirados ya, son leyenda de la NBA. Los dos forman la extraña pareja original. Pero ahora vengo a ponerles otra extraña pareja: la formada por los futbolistas italianos del Milan Antonio Cassano y Gennaro Gattuso.

Cassano, delantero de 29 años, es la pureza del fútbol ofensivo de toque, de fantasía. Tan imprevisible como polémico, Il Talentino representa el ideal del romántico del fútbol, aquel que goza con un determinado detalle, un sello de calidad individual que deja boquiabiertos a todos. Bien puede ser un control, un taquito, un amago, un regate, un golpeo de balón, un leve movimiento de ballet que convierte al balompié en fútbol. Puede ser todo eso y más. Por todo ello, Cassano podría ser el mejor futbolista del mundo, pero ya no sería Antonio Cassano.

Salvando las distancias, quizá su trayectoria individual recuerde un poco a la carrera del  exmadridista José María Gutiérrez, Guti. Cassano es toque, magia, fantasía con el balón en los pies. Pero también es el pasotismo elevado a la máxima potencia. Siempre enfrentado a sus técnicos, éstos le achacaban una actitud poco profesional. En la Roma, quizá el equipo donde ha conseguido mayor estabilidad deportiva, llegó a enemistarse con toda la plantilla, excepto con su amigo Francesco Totti. Forzó su salida (tras cinco años en el club) rumbo al Real Madrid, donde duró poco (2 años) y dejó detalles a cuentagotas, algunos goles, bastantes kilos de grasa de más y una disputa con Fabio Capello que le mandó media temporada a la grada.

Su sitio era el Calcio. Volvió a Italia, a las filas de la Sampdoria, donde volvió a sentirse importante, donde trasladó de nuevo los dibujos animados a un campo de césped. Pero volvió a salir por la puerta de atrás. Quizá por ello resulte extraño que el Milan acudiese a él, aunque pocas cosas son extrañas ya en el Milan de Berlusconi. Pero, por una vez, este genio con carácter de niño malcriado ha debido parar. Su corazón ha sido el único que ha podido, por un tiempo de unos cinco meses, parar con turbulenta carrera. Una malformación en el corazón ha sido la causante. Ya operado, el tiempo de recuperación le debe servir para madurar al último gran talento puro italiano después de Roberto Baggio. Cassano, el Romario de Bari, es la magia.

El sacrificio lo pone Gennaro Gattuso, centrocampista defensivo de 33 años. No le pidan que dé un paso al hueco, tampoco que tranquilice el juego. Ni se les ocurra siquiera sugerirle que se lance al ataque. Pedidle, en cambio, que corra, que intimide, que imprima carácter al equipo y, por qué no, pedidle que pegue un poco. Él hará todo eso mejor que cualquiera. Por ello es Pegamento Gattuso. No se despega ni un instante de todo aquel adversario que ose morar por sus dominios. Todo corazón, es inimaginable la lista de jugadores estrella a los que ha desquiciado. Con Gattuso, el fútbol vuelve a su dimensión más rústica, aquella en la que sólo importa destruir, en la que el balón es un enemigo al que tienes que derrotar. Gattuso siempre ha entendido así este juego. Seguramente, de no ser así, jamás se habría convertido en jugador profesional. Cuentan que en numerosos entrenamientos con el Milan ha realizado ejercicios técnicos al nivel de cadetes. Nadie se ha reído de él nunca. Porque ha sido siempre, es y será, el alma del Milan. Aquel que no dará un pase al hueco, pero que se partirá la cara por robar el balón. Un obrero al servicio de la reina.

Un obrero que tardará en volver a trabajar. Un problema ocular le impide ver bien. De hecho, apenas puede hacer vida normal. Deberá esperar entre 2 y 6 meses para que los médicos sigan su evolución. Quizá entonces se valore la opción de una operación, nunca antes. La retirada se lo quiere llevar de esos campos de fútbol en los que tanto ha corrido. Pero Gattuso no se rinde. Está decidido a volver a jugar. Pegamento Gattuso aún no se ha secado.

Una extraña pareja, indisoluble: el talento y el sacrificio, el príncipe y el campesino. Una combinación de fantasía e intensidad defensiva que se hace necesaria para optar a lograr grande metas en el planeta fútbol. Volverán a deleitarnos pronto, pues los dos, en lo suyo, son los mejores.

 

@Pipe379

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